CÓMO IDENTIFICAR LA IGLESIA

CÓMO IDENTIFICAR LA IGLESIA

 

La Biblia nos enseña que debemos probar todas las cosas: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (I Pedro 3:15); “Examinadlo todo; retened lo bueno” (I Tesalonicenses 5:21);

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (II Corintios 13:5); “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1). Por esto podemos ver claramente que sí hace una gran diferencia en lo que uno cree y en lo que uno practica. Debemos estar seguros de que la casa, en la cual servimos es de Dios. Dijo el salmista, “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmos 127:1). El escritor de la epístola a los Hebreos dice, “Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos  nosotros” (Hebreos 3:6). Y, Cristo mismo nos advierte, “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mateo 15:13). ¡Hace diferencia! Pero ¿cómo podemos ver esa diferencia? ¿Cómo podemos identificar esa iglesia que Cristo Jesús dijo iba a edificar y que, en efecto, edificó? Véase Mateo 16:18; Hechos 2 y Colosenses 1:13. Esto lo podemos hacer por medio de las Sagradas Escrituras. Todo lo que hacemos religiosamente debemos poder justificarlo por medio de la Palabra de Dios. No ser miembro de un grupo solamente porque el padre, la madre u otro miembro de la familia pertenece a esa organización. Ni tampoco debemos pertenecer a esa iglesia por otras razones por el estilo. Debemos

dar un motivo bíblico por lo que creemos. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (I Pedro 4:11).

 

LA APOSTASÍA

El Nuevo Testamento nos dice todo lo que necesitamos saber en cuanto a la iglesia que Jesús edificó. Esta iglesia existió en los días de los apóstoles tal y cual como quería el Señor que existiera. En esos días, Pablo advirtió,  “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros

lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos 20:29-

31); “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que

Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad” (I Timoteo 4:1-3); “Nadie os engañe en ninguna manera: porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se

levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (II Tesalonicenses 2:3-4). Esta apostasía vino así como se había profetizado. No vino de un día para otro sino gradualmente. La Iglesia Católica Romana es el resultado de esa apostasía. La Biblia no se conocía por el vulgo y no había intentos de llevar

las Sagradas Escrituras al pueblo; más bien, se esforzaban los líderes de la Iglesia Católica Romana para que el pueblo no las conociera y así dependiera la gente sólo de lo que decía el sacerdote y los demás líderes. Doctrinas extrañas pronto aparecieron sobre el escenario y la apostasía siguió su marcha hasta llegar al colmo de vender el permiso para pecar. Juan Tetzel, como representante de la Iglesia Católica Romana, caminó por Europa vendiendo indulgencias. Esto hizo que hombres como Martín Lutero y Juan Calvino se levantaran en protesta. Aunque el esfuerzo de estos hombres fue sincero, ellos querían meramente “reformar” a una institución ya corrompida y como resultado

de sus esfuerzos se dio origen a nuevas denominaciones y estos nuevos grupos fueron conocidos como protestantes.

 

UNA RESTAURACIÓN

Cristo Jesús al prometer que iba edificar a Su iglesia, también dijo, “. . . y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Sabemos por esta promesa que la iglesia del Señor nunca dejó de ser; existió por medio de pequeños grupos escondidos a través de los siglos, a causa de la

persecución, PERO EXISTIÓ. Hay varios ejemplos de movimientos de restauración a través de los

siglos. Hipólito (160-235 D.C.) y Tertuliano (155-223 D.C.), poco después de haber salido el último apóstol del escenario, se opusieron a la jerarquía que ya comenzaba a desenvolverse. El mismo Tertuliano separó algunas de las congregaciones existentes con el fin de restaurar la pureza original y estas congregaciones permanecieron fieles por unos docientos años. En Etiopía en la iglesia de Abisinia (440 D.C. – 500 D.C.) hubo un movimiento que creció rápidamente el cual se esforzaba por seguir fielmente el Nuevo Testamento y hacía énfasis en el buen ejemplo y la pureza de vida. Los cátaros (alrededor de 700 D.C.) estudiaban las Escrituras con regularidad, celebraban la Cena del Señor semanalmente y bautizaban a los adultos por inmersión. Rechazaban los sacramentos externos, las imágenes y las reliquias de la Iglesia Católica Romana. Rechazaban todo credo y autoridad de los hombres y denunciaban los vicios y la ignorancia del clero. Podríamos hablar de Pedro de Bruys, de los valdenses y de muchos otros grupos que intentaron restaurar el cristianismo primitivo al ver la corrupción que les rodeaba.

 

Esto no es dar nuestro sello de aprobación a todas las enseñanzas de estos diversos grupos, pues hubo una gran variedad de enseñanzas que en algunos casos podríamos denominar herejías. Según la descripción de Williston Walker y Reinhold Seeberg, tanto los cátaros como los valdenses revivieron casi todo el sistema gnóstico con algunas modificaciones. Pero, ¿hasta qué punto podemos aceptar los aciertos de los análisis doctrinales que han dado estos historiadores en cuanto a los detalles sobre las creencias peculiares de estos y otros grupos? Muchos de estos llamados “herejes” sencillamente se oponían a las ya existentes corrupciones que se practicaban en el nombre de Cristo. Hay que tomar en cuenta los tiempos y circunstancias bajo las cuales éstos trabajaron así como la accesibilidad de buenas versiones de la Biblia. ¡El pozo de la ignorancia bíblica y del error religioso era profundo! De algún punto habría que comenzar para salir de él. El punto que queremos establecer aquí es que a través de los siglos siempre hubo personas que se esforzaron por seguir la Biblia solamente y en muchos casos prefirieron conocerse por el nombre cristiano aunque otros les daban nombres distintos. Muchos de ellos pusieron en práctica sus creencias en base de mucho sacrificio. Por ejemplo, en 1176 Pedro Valdés (o Valdo), un rico comerciante de Lyons, impresionado por las palabras,“Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” puso en práctica estas palabras literalmente por el resto de su vida e inició el movimiento de los valdenses.

 

Otros dieron sus vidas por lo que creían. En nuestros días, he leído resúmenes en cuanto a “las creencias” de “la iglesia de Cristo” por “ciertos eruditos” y francamente nos han mal representado. Lo que ellos dicen que nosotros creemos ha sido tergiversado. Me pregunto si no han hecho lo mismo otros “expertos” a través de los siglos al escribir con cierto prejuicio sobre estos grupos. Lo cierto es que Dios es el juez de todas las cosas y de todos nosotros. Menos mal que nosotros no somos los jueces de nadie, sólo nos corresponde predicar la Palabra como nos la dio el Señor y dejar el resto a Él. En tiempos modernos ha habido un esfuerzo concentrado para restaurar a la iglesia de Cristo. Líderes de diferentes denominaciones comenzaron a ver el mal del sectarismo. Aunque se servía al mismo Dios y tenían la misma Biblia, había siempre rivalidades y pleitos entre ellos. Hombres como Barton Stone, Tomás Campbell, Walter Scott y James O’Kelley que salieron de diferentes grupos religiosos surgieron con la idea en el siglo XIX en la parte oriental de los Estados Unidos de restaurar a la iglesia original en su pureza y simplicidad y de esta manera también traer unidad entre los que deseaban servir a Dios. Para ello será necesario, “Hablar en donde la Biblia habla, y callar en donde la Biblia calla.” Este movimiento creció con mucha fuerza y aún en nuestros días sigue avanzando este mismo pensamiento por el mundo entero. En el siglo XX ya hemos encontrado a hermanos en diferentes partes del mundo con la misma idea sin antes habernos conocido personalmente y es asombroso ver como es que las creencias y prácticas básicas son idénticas. Si quiero restaurar una silla, debo saber como era esa silla en su estado original. Lo mismo decimos en el caso de una casa o de una obra de arte. Antes de poder restaurar cualquier cosa, debemos de saber cómo era en el principio. Si queremos restaurar la iglesia del Señor Jesucristo, debemos saber cómo identificar la iglesia verdadera. En lo que sigue queremos hacer justamente eso.

 

UNA ILUSTRACIÓN

Se ha dicho que en una tumba de un rey egipcio, el rey Tutankamen, algunos arqueólogos encontraron granos de trigo que aunque tenían miles de años, estaban bien preservados. Al sembrarse en tierra húmeda aquellos granos de trigo brotaron y produjeron la misma clase de trigo que se conocía en los día de aquel rey egipcio. Jesús enseñó que la “palabra” es la simiente del reino – – la iglesia (Mateo 13:1-9, 18-23). Por lo tanto, el evangelio de Cristo que fue predicado hace 1900 años por los apóstoles y que está registrado en el Nuevo Testamento, producirá los mismos resultados que produjo en aquellos tiempos. Producirá la misma clase de cristianos y la misma clase de iglesia, con el mismo nombre, organización, doctrina, mandamientos, adoración y condiciones de salvación. Tiempos y costumbres han cambiado; tenemos ahora diferentes métodos de transporte

pero nuestro Señor es el “mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8). Lo mismo podemos decir de Su iglesia. Podemos identificar la verdadera iglesia hoy:

 

 

POR LO QUE LA IGLESIA ES LLAMADA

Si vamos al caso, la iglesia del Nuevo Testamento, no tenía nombre en sí. Hay varios términos que se usaban para describir esa iglesia, se conocía como “la iglesia” (Hechos 8:1). Otros “nombres” usados son: “la iglesia de Dios” (I Corintios 1:2); “la iglesia del Dios viviente” (I Timoteo 3:15); “la

iglesia del Señor” (Hechos 20:28); y “las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16). Los nombres usados por las iglesias de los hombres tienen su significado. Resaltan el nombre del hombre que las fundó o recalcan alguna característica del grupo. Por ejemplo, el nombre “Luterano” viene de Lutero, “Romano” apunta a Roma, “Presbiteriano” hace énfasis a una forma de gobierno y “Bautista” a la práctica de inmersión. Un grupo de personas que pretende restaurar a la iglesia del Nuevo Testamento debe evitar tales nombres. Todos estos nombres tuvieron su origen siglos después de la muerte de los apóstoles. Los nombres que se usan en el Nuevo Testamento para describir a la iglesia del Nuevo Testamento son nombres que dan gloria y honra al Señor Jesucristo. Cristo Jesús dijo. “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Cristo es el Salvador y la Cabeza de esa iglesia (Efesios 5:23; Colosenses 1:18, 24). Puesto que la iglesia es de Él, debe de llevar Su nombre. Los que vienen a

visitarnos hablan de ir a la casa de la familia Cortez. La iglesia también se conoce como la esposa de Cristo (Efesios 5:23-25). Al casarme esperaba y espero que mi esposa lleve MI NOMBRE. Sería

ridículo pensar que ella llevara el nombre de mi primo o el nombre de mi mejor amigo. Aunque el hombre puede ver esto muy claramente en las cosas cotidianas y en los negocios de los hombres, le es difícil verlo en las cosas espirituales. ¡Cómo es que el diablo nos enceguece aún en los detalles más sencillos y fáciles para entender (II Corintios 4:4)! Hoy podemos identificar la iglesia:

 

POR LO QUE LOS MIEMBROS SON LLAMADOS

Muchos ven al edificio de la iglesia como la iglesia. Este concepto obtenido del paganismo no es bíblico. Muchos hablan de iglesias bonitas o iglesias de otra manera dependiendo en la construcción material de ciertos edificios. Sin embargo, la iglesia consiste de personas; aquellos que han obedecido al Señor Jesucristo forman parte del cuerpo de Cristo, que es la iglesia (Hechos 2:38, 41, 47; I Corintios 12:13; Efesios 1:22, 23). Estos miembros de la iglesia son descritos por diferentes términos en el Nuevo Testamento y cada término tiene un significado especial. Son llamados

santos en I Corintios 1:2 porque han sido apartados del mundo para servir al Señor de una manera especial (I Pedro 2:9) son conocidos como discípulos (Hechos 20:7) porque son estudiosos de las Sagradas Escrituras y han tomado a Cristo Jesús como Maestro; se les describe como hermanos (I Corintios 15:6), porque creen todos las mismas cosas y pertenecen todos a una misma familia; el término hijos de Dios es expresivo del amor de Dios al concederles el privilegio de Su Paternidad (1

Juan 3:1; Romanos 8:14) y por cristianos (Hechos 11:26; 26:28) se da a entender que estos miembros son “de Cristo” y que son seguidores de Aquel que dio su vida por ellos (Tito 2:14). Cualquiera de estos nombres son bíblicos y un miembro de la iglesia verdadera podrá llevar cualquiera de estos nombres. Isaías habla proféticamente de un nombre nuevo: “Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (Isaías 62:2). El único nombre nuevo en los términos que hemos visto que describen a los hijos de Dios es el nombre cristiano y por eso concluimos que ése es el nombre nuevo del cual habló el profeta. Los repartidores de “La Atalaya” dicen que el nombre nuevo es “Testigos de Jehová”: sin embargo, dicho nombre no tiene nada de novedad puesto que el nombre de Jehová aparece repetidas veces en el Antiguo Testamento. Además, Pedro nos dice, “Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (I Pedro 4:16). No dice nada Pedro de no avergonzarse de ser “Testigo de Jehová” o algún otro nombre sectario. Lo que sí dice es que no debiéramos avergonzarnos de ser cristianos. Le es difícil al hombre contemporáneo

entender que no es necesario ser de esta clase de cristiano o de aquella clase de cristiano, que basta con ser cristianos solamente. Hablando del nombre de nuestro Señor Jesucristo, Pedro de nuevo nos dice, “Y en ningún otro hay salvación porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Amigo lector, tú puedes ser un cristiano y nada más.

La iglesia se puede identificar: POR SU CREDO Nuestra palabra “credo” viene de una palabra del latín que se escribe de la misma forma y que significa sencillamente “lo que uno cree”. Diferentes grupos religiosos tienen diferentes credos escritos para poder separar sus creencias de lo que otros creen. Estos credos son conocidos por diferentes términos como manual, disciplina, catecismo o sencillamente credo. El Manual de la Iglesia Bautista aclara las creencias de dicha institución mientras que la Disciplina de la Iglesia Metodista distingue las creencias de los metodistas y la Iglesia Católica Romana tiene su Catecismo. La iglesia de Cristo no tiene otro credo escrito más que la Biblia: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad nos han sido dadas” (II Pedro 1:3). Por lo tanto, no hace falta nada más. “Que no enseñen diferente doctrina” (I Timoteo 1:3). Hace diferencia en lo que uno cree. “Habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1). Se habla de acuerdo a la sana doctrina al seguir el único credo que Dios nos dio: las Sagradas Escrituras-. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (I Pedro 4:11). Esto no requiere el comentario de nadie. Dios a través de Su Revelación nos hace ver lo que El quiere. Como personas que deseamos hacer la Voluntad de Dios queremos volver a la doctrina de Cristo y hacer a un lado los credos humanos que nos dividen. Juan nos exhorta, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (II Juan 9). Supongamos que una persona de un lejano país quisiera reproducir una iglesia según el Nuevo Testamento, ¿a cuál de las denominaciones se parecería? Se han sabido de casos en las diferentes partes del mundo en que personas han decidido guiarse por lo que dice la Biblia solamente y es asombroso ver la semejanza con otros grupos que ni se conocen el uno al otro en otras partes. Esto ha sucedido en la India, en España y en otros lugares. La iglesia es conocida:

 

POR SU ORGANIZACIÓN

Es difícil para el hombre moderno tener un concepto del cristianismo sin las organizaciones eclesiásticas; sin embargo, la organización de la iglesia del Nuevo Testamento era muy sencilla. No leemos en la Palabra de Dios de jerarquías, sínodos, ni de concilios especiales; tampoco hay mención del Papa, presidentes ni arzobispos. Todo esto ha venido como resultado de la invención humana con el fin de lograr la exaltación del hombre. Títulos como “Reverendo”, “Muy Reverendo” y “Padre” se desconocen en la Biblia. Dios no es glorificado en todo esto. Cristo es la única Cabeza de Su iglesia (Efesios 1:22, 23; Colosenses 1:18); como Cabeza, El da todas las órdenes a Su cuerpo. No hay tal cosa como una cabeza en la tierra y otra cabeza en el cielo. Así como una cabeza tiene un cuerpo, así un cuerpo tiene sólo una cabeza. Cualquier otro arreglo no es ni natural ni lógico. También podemos ver la sabiduría de Dios al hacer cada congregación autónoma; es decir, cada congregación se gobierna por sí sola. La iglesia en Jerusalén no dependía de la iglesia de Corinto ni de la de Roma. Cuando uno depende de la sabiduría humana, uno piensa que hay más fuerza en un

gobierno central al tener a un hombre gobernando todas las congregaciones del mundo o de una cierta área. Cuando ese hombre se corrompe, se corrompen todas las congregaciones. Sin embargo, según el sistema de Dios ni siquiera una sola congregación, depende de un solo hombre. Cuando una congregación, aunque sea la iglesia del Señor, debe depender de un solo hombre, se pueden esperar problemas puesto que no se está siguiendo el plan de Dios. Hablemos un poco más de la organización que Jesús quiere en Su iglesia. Como ya se ha dicho, Cristo es la única Cabeza. En la iglesia del Nuevo Testamento existió temporalmente el oficio de los apóstoles. Estos fueron los embajadores del Señor (II Corintios 5:20) por medio de los cuales dio Su Revelación el Señor y una vez que nos dejaron escrito el Testamento de nuestro Señor (Juan 20:30-31; I Juan 1:1-4; Lucas 20:29-30), no sólo cesaron los milagros (I Corintios 13:8-10) sino que también las oficinas relacionadas con lo milagroso, tales como el apostolado y los profetas, dejaron de existir (Efesios 4:11-16). Mientras tanto, la iglesia siguió y sigue en marcha guiándose por la doctrina de los apóstoles (la palabra escrita) administrada por los ancianos (Filipenses 1:1) trabajando juntamente con los diáconos, evangelistas, maestros y demás miembros. La idea del “clero” y los “laicos” no existía en la iglesia del Señor. Las iglesias de Cristo no tienen ningún gobierno central. Cada congregación es autónoma. Cada congregación selecciona a sus ancianos (Hechos 14:23), obispos (Tito 1: 5, 7; Hechos 20:28), y pastores (Efesios 4:11; I Pedro 5:1-5); que, en realidad, llenan el mismo oficio. Estos diversos términos se usan intercambiablemente para designar una misma

tarea y siempre había una pluralidad de estos hermanos en cada congregación. Nunca se lee en el Nuevo Testamento de un pastor sobre una congregación. Estos ancianos, obispos y pastores no eran jefes o patrones; eran líderes espirituales que debían cumplir con los requisitos establecidos en I

Timoteo 3 y Tito 1. Veámoslos: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿como cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.

También es necesario que tenga buen Testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (I Timoteo 3:1-7). Como se puede apreciar, no cualquiera puede llegar a ser un anciano en la iglesia de Cristo. Los diáconos también son seleccionados por cada congregación y éstos deben trabajar bajo los ancianos (Hechos 6 y I Timoteo 3). Mientras que los ancianos se encargan especialmente de la obra espiritual de la iglesia, los diáconos se encargan del aspecto físico de la congregación y especialmente en la obra benévola de la iglesia ayudando a los huérfanos, a

las viudas y a otros necesitados. Esto no quiere decir que no tienen parte en la obra espiritual. Realmente toda la obra que los diáconos hacen es por causa de esta obra espiritual. Desde un principio de la iglesia los diáconos fueron muy activos en la cosas espirituales, como es el caso de Esteban, el primer mártir, (Hechos 6) y el caso de Felipe, el evangelista (Hechos 8:21:8-9). Veamos lo que se requiere del diácono: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia

conciencia. Y estos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (I Timoteo 3:8-13). Es una carga que sólo un hombre muy espiritual puede llevar al vivir su vida cristiana. Esta es la única organización eclesiástica que encontramos en los tiempos del Nuevo Testamento. Pablo al dirigirse a los santos en Filipos se dirige a los “obispos y a los diáconos” (Filipenses 1:1). Otro hermano nos exhorta, “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cual haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe …

Obedeced a vuestro pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y no quejándose. porque esto no os es provechoso” (Hebreos 13:7, 17). No hay lugar para jerarquías en la iglesia del Señor (I Pedro 5:3) ni para cualquier otro tipo de gobiernos extraños. Debemos respetar y seguir la organización que Dios nos ha dado. La iglesia se distingue:

 

POR SU CULTO

Según el Nuevo Testamento hay la posibilidad de adorar en vano: “Este  pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:8, 9; Marcos 7:6, 7). Pablo comenta sobre la vanidad y la inutilidad de

la adoración conforme a los mandamientos de hombres: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y enduro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Colosenses 2:20-23). La adoración que Dios quiere es la de adoradores que le adoren, en espíritu” y “en verdad” (Juan 4:24). Adorar “en espíritu” es adorar de

corazón, sinceramente; adorar “en verdad” es adorar de acuerdo a la voluntad de Dios. Hay quienes adoran “en espíritu” y dejan fuera la verdad y hay quienes adoran “en verdad” pero no adoran “en espíritu”; es obvio que estas dos formas de culto son inaceptables a Dios. Para que sea aceptable la adoración a Dios debe ser en espíritu y en verdad. La iglesia del Nuevo Testamento perseveraba en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42); es decir, cuando la iglesia se reunía el primer día de la semana, oraba, tomaba la cena del Señor, y al gozarse de la comunión unos con otros, se compartía la enseñanza. La iglesia al reunirse para la adoración también cantaba (Efesios 5:19; Colosenses 3:16) y ofrendaba (1 Corintios 16:1-2). No hay nada de misterioso en esta adoración. Cada acto de adoración tiene el propósito de edificar espiritualmente al adorar cada vez que adora. Esta adoración tomaba lugar el primer día de la semana, el día del Señor (Apocalipsis 1:10; Hechos 20:7; I Corintios 16:1-2). El séptimo día de la semana, (sábado) se había usado durante la Dispensación Mosaica, pero

ahora en la Dispensación Cristiana se usa el domingo como el día de adoración puesto que es el día del Señor. Por el Nuevo Testamento y por la historia podemos ver que ése era el día en que se reunían los cristianos para adorar. Fue en ese día que Su iglesia fue establecida. La observancia del

sábado fue quitada al morir Cristo en la cruz (Colosenses 2:14). Las iglesias de Cristo en el siglo XX no usan instrumentos musicales porque no hay autoridad para ello. Veamos lo que Dios dice en cuanto a la música en la cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19): “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16); “Así que ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15). La iglesia del primer siglo cantaba pero había una ausencia de instrumentos; éstos fueron innovados por los hombres siglos después de que el rey Pepín de Francia regaló un órgano a los líderes de la iglesia. Se comenzó con el órgano, se siguió con el piano y ahora ciertos grupos religiosos, usan toda una orquesta, y a eso lo llaman adoración cristiana. Recordemos las palabras del apóstol Pedro, “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (I Pedro 4:11). Tampoco se exige el diezmo puesto que cada cristiano da “según haya prosperado” (I Corintios 16:2) la ofrenda que ha puesto aparte el primer día de la semana. Las denominaciones han abusado de este privilegio hasta el

punto de hacer de esto un comercio exigiendo ciertas cantidades y levantando la colecta cada vez que se reúnen, sea lunes, miércoles, sábado o el día que sea. Además, venden ropa usada, alimentos y otras cosas con la meta de levantar fondos para la tesorería de la iglesia. Tampoco se debe pedir dinero a la comunidad por diversas formas con el fin de levantar finanzas. El dinero que se levanta por los cristianos debidamente, de acuerdo al plan de Dios, se usa para la difusión del Evangelio.

La iglesia de Cristo en nuestros días participa de la cena del Señor cada primer día de la semana porque es evidente que ésta era la práctica de la iglesia primitiva (Hechos 20:7). El mundo sectario está dividido en este detalle pues algunos lo hacen cada año; otros cada tres meses; otros cada

mes y todavía otros cuando “el Señor lo revele”. Por la manera en la cual se guía la iglesia de Cristo por el Nuevo Testamento para el culto de Dios se identifica como la iglesia que Jesús edificó. La iglesia de nuestro Señor Jesucristo es identificada:

 

POR EL PLAN DE SALVACIÓN

El mundo sectario habla de varias maneras en las cuales el hombre puede ser salvo. Algunos dicen que el hombre es salvo solamente por la fe mientras que otros hacen énfasis en las buenas obras; sin embargo, no somos salvos por una sola cosa, ni por la fe solamente, ni por el bautismo solamente, ni por las obras solas.  Hay varias cosas que entran en la salvación del hombre: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7); “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadiese gloríe” (Efesios 2:8-9); “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por la obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24). ¿Cómo se armoniza todo esto? Al ver TODO EL PANORAMA DEL PLAN DE DIOS para salvar, podemos ver que todas estas cosas que hemos

mencionado tienen parte en el plan de Dios para salvar al hombre y aun podríamos nombrar otras cosas que también tienen su parte. Todos los mandamientos del Señor tienen parte. Todos los actos de adoración tienen parte; Dios, el Padre, salva; Jesucristo es nuestro Salvador; el Espíritu Santo también tiene parte y aun los mensajeros del Evangelio glorioso ponen su granito de arena (Romanos 10:14-15; II Corintios 4:7-11). Además, toda nación que le teme y obra con justicia tiene la misma

oportunidad de salvación. Pedro llegó a la siguiente conclusión: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35). Todos deben hacer lo mismo, pues NO HAY DIFERENCIA. No importa la situación social, económica o racial, Dios exige las mismas condiciones de salvación de todo ser humano. (Hebreos 5:9).

 

Toda persona debe OÍR, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17);

CREER, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6);

 

ARREPENTIRSE, “Pero Dios habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30);

 

CONFESAR, “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con

la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9, 10);

 

SER BAUTIZADA, PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38 – Véase también I Pedro 3:21 y Romanos 6:3-4);

 

PRACTICAR LAS BUENAS OBRAS, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10); y

SER FIEL HASTA LA MUERTE, “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).

 

Hay personas que se oponen a la enseñanza bíblica de la necesidad del bautismo para la salvación; sin embargo“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva” (I Pedro 3:21). Pablo nos dice que somos revestidos de Cristo. en el bautismo, “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27). Cristo nos hace ver que el bautismo es parte de la justicia de Dios (Mateo 3:15). El bautismo es un mandamiento (Mateo 28:19; Marcos. 16:15-16). ¿Daría Cristo un mandamiento que no hay que obedecer y que no tiene parte en la salvación? ¿Quiénes deben de ser bautizados? Se bautizan personas que han sido instruidas debidamente concerniente a la voluntad de Dios y que, sabiendo lo que hacen, después de haber creído, se han arrepentido, han confesado que Cristo es el Hijo de Dios, desean ahora ser bautizadas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para el perdón de sus pecados. Se bautiza, pues, a un pecador penitente que desea dejar el mundo atrás para seguir a Cristo. No hay ejemplos de bautismos de infantes ni de votar por una persona antes de ser bautizada, así como muchas otras prácticas sobre el bautismo que se hacen en el nombre del Señor Jesucristo. Para ser salva una persona debe de ser parte del cuerpo de Cristo. Lucas nos dice en el capítulo dos de los Hechos que los que oyeron aquella primera predicación del evangelio y aceptaron aquella palabra por medio de la obediencia, fueron añadidos a la iglesia (Hechos 2:38, 41, 47). Pablo nos dice, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a

beber de un mismo Espíritu (I Corintios 12:13). No es posible ser salvo fuera de la iglesia que Cristo estableció (Efesios 5:23).

 

 

OTRAS CONSIDERACIONES

Hay muchas maneras para identificar la iglesia verdadera. Podríamos haber hablado sobre: la iglesia en profecía. Como es que Daniel más de 600 años antes estableció el tiempo en que la iglesia sería establecida. En una profecía asombrosa, Daniel apunta a los días del imperio romano como el tiempo en que la verdadera iglesia sería establecida; escuchémosle; “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44). Isaías unos 700 años antes de Cristo nos dice en dónde se establecería esa iglesia: “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob: y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de,  Jehová” (Isaías 2:2-3). De hecho, la iglesia se estableció en Jerusalén (Hechos 2) en el primer

Pentecostés después de la muerte y resurrección de Cristo (alrededor del año 33), cualquier iglesia que no se estableció en ese lugar y en esa fecha, no puede ser la VERDADERA IGLESIA DE CRISTO; además, Cristo es el único Fundador. Los hombres hablan de ciertas denominaciones que se fundaron por ciertos hombres específicos en ciudades modernas y en tiempos nuestros. Tales iglesias son la fabricación de los hombres. El Nuevo Testamento nos habla de la iglesia que Jesús edificó y ésta cumple con todos los requisitos de profecía. Esta es la iglesia a la cual perteneció

Pablo, Pedro y los demás cristianos de los cuales leemos en el Nuevo Testamento. Puesto que la iglesia es de Cristo, no hablamos de “mi iglesia” ni de “tu iglesia”; la iglesia es del Señor. La iglesia de Cristo no sólo es la iglesia del Nuevo Testamento, también es el reino anunciado en el Antiguo Testamento (Daniel 2:44-45; Mateo 3:2; Hechos 1:6; Colosenses 1:13). Cristo y Su reino es el centro de toda la Biblia. El Antiguo Pacto anuncia la venida de Cristo y Su reino de paz mientras que el Nuevo Testamento nos habla de la venida de nuestro Señor  y nos dice todo lo que sea necesario saber en cuanto el Reino del cual Cristo es el Rey.

 

EN CONCLUSIÓN

Ya hemos visto algunas consideraciones que demuestran que es posible identificar a la iglesia verdadera. Sé que hay mucho más que podría decirse; sin embargo, confío que lo dicho haya sido lo suficiente como para dar la seguridad de que la verdadera iglesia de Cristo existe hoy y que de

una manera positiva se puede identificar. ¿Qué valor le da usted a la iglesia del Señor? Cristo derramó Su sangre por ella (Hechos 20:28). No la menospreciemos puesto que esto sería pisotear la sangre preciosa de Cristo Jesús (Hebreos 10:29). ¿No quiere usted pertenecer a la iglesia acerca de la cual leemos en el Nuevo Testamento y así poder tener la seguridad de que está haciendo la Voluntad de Dios? Recordemos las palabras de Jesús: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).Le rogamos, querido lector, que investigue cuidadosamente todas las cosas dichas. No hay porqué trabajar en vano en una institución de fabricación humana cuando usted puede estar dentro del reino de Cristo gozando de las bendiciones que sólo en Cristo puede tener (Efesios 1:4; 5:23). Al identificarnos con la iglesia del Nuevo Testamento podemos asegurarnos de que la casa a la cual pertenecemos, es de Dios, por Su autoridad y para Su gloria y honra.