Los placeres de Dios

Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en sus obras.

En nuestro primer mensaje de esta serie de los placeres de Dios vimos que Dios se deleita en su Hijo. Por toda la eternidad, Dios ha sido exuberantemente feliz en la comunidad de la Trinidad. Él se ha estado desbordando de satisfacción mientras ve el panorama sin fin de sus propias perfecciones reflejadas en el brillo de la cara de su Hijo.

Después vimos que una de las lecciones que debe ser aprendida de la divina felicidad es que Dios está completo en sí mismo. No tiene defectos y, por lo tanto, no puede ser sobornado con algo que se le antoje o chantajeado con alguna debilidad secreta o forzado por un poder superior. Y por eso, todo lo que hace lo hace sin limitaciones y de acuerdo a su voluntad. Él es libre y se place en todo lo que haces.